Entrará en mi vida aquél que tenga su propia vida, quien me invite de vez en cuando a compartirla sin que quiera matar la soledad conmigo; quien entienda que al amor en libertad, también le gusta la compañía.

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viernes, 4 de julio de 2014

A base de brechas y desabrochar.


Escribir para él como cuando se pestañea ante el reflejo de un cristal roto. Porque no sé si lo sabéis, pero vuela. 
Vuela alto y el viento que levanta sabe a verano, a hogueras que se encienden y a olas que te tocan. Sabe a ese vaivén loquísimo que te agarra de la cintura para decirte que si no las saltas las demás tardan un sólo segundo en llegar. Que no pasa nada, que vuelven, que son infinitas, que son justas, que no se acaban. 
Me recuerda a mar y a noche porque te envuelve, porque marea y porque calma. Porque las mariposas más bonitas pueden morirse de pena sólo con que las toques y las condenes a vivir en una jaula de seda.  
Cuentan que una vez la luna llena se acostó en su cama para espiarle y que desde entonces se pelea con el Sol por permanecer. Que le brilla la piel como brillan los aullidos de un lobo. Que de él dependen las mareas y los bailes a medianoche. 
Con él aprendes a buscar historias en la pequeñez de los días tranquilos, a leer en la infinitud de la cotidianidad. 


Aprendes que los sueños son libres
sólo cuando nosotros lo somos también.

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