Entrará en mi vida aquél que tenga su propia vida, quien me invite de vez en cuando a compartirla sin que quiera matar la soledad conmigo; quien entienda que al amor en libertad, también le gusta la compañía.

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domingo, 19 de abril de 2015

30.

Si no era amor, era vicio. Porque nunca unos labios me hicieron regresar tantas veces por un beso.

Nothing.

Ella ya no sueña, sus objetivos son barcos que no han llegado a buen puerto.
Ya no desea ser libre, quizás porque ya lo es.
Dicen que los sueños mueren cuando muere el soñador, y quizás sus sueños fueron enterrados con ella.

domingo, 12 de abril de 2015

Te vuelvo a llamar, paso un mal rato hasta que te vuelvo a olvidar.

Yo sé que está feliz aunque esté serio.
Sé que está enfadado aunque este hablando tranquilamente.
Yo sé que es mío y suyo a la vez.

martes, 7 de abril de 2015

domingo, 29 de marzo de 2015

Unas bragas mojadas dicen más del amor que cualquier poema de mierda.

Siempre he pensado que en el momento en el que dejas que alguien forme totalmente parte de tu vida, ya corres el riesgo de que te pueda hacer daño. Quizás por eso esquivo el momento en el que alguien entre en mi vida por completo.
No sé, igual es ser egoísta, pero permitirlo podría volverme frágil, tan frágil como para desencadenar un caos. Un descontrol que me atemoriza, que es uno de mis miedos, que ya he sufrido y en el que no quiero volver a caer. No tienes el mando, estás fuera de juego y esa debilidad es algo tan maravilloso como acojonante. Igual que la esperanza, que siempre se mantiene pero también te engaña sucesivamente.
Tal vez, ni siquiera puedes ayudarte a ti misma, y ese es el puto problema. Preguntarte una y otra vez si de verdad la parte positiva de darle a alguien las llaves de tu vida supera el miedo a la exposición total que supone quitarte la coraza.
Quizás ahí esté la gracia. En la incertidumbre. O no, yo qué coño voy a saber.

Yo tan dispuesta a saltar al precipicio, y tú tan midiendo la altura al vacío.

Aún recuerdo la primera vez que te vi después de dejar de ser nosotros.
La sensación de nudo en la garganta, de no saber si besarte una, dos, o ninguna vez.
Esa voz en mi interior que me pedía que fueran treinta.
De repenter, escucharme a mí misma diciendo "Adiós", cuando lo que quería decir es "No te vayas", "Quédate un ratito, una vida y media", "¿No ves lo estúpidos que somos?", "Te echo de menos", "Te quierodio", "He olvidado cómo se duerme sin ti" y mil frases inconexas que luego tuve que ir sacándome una a una de la garganta en los días siguientes.
Recuerdo que un "Siempre dijimos que esto no nos pasaría a nosotros" se me quedó clavado en el paladar y tuve que tragármelo como se traga una pastilla, poniendo cara de asco y necesitando agua después.
O varios "¿Me vienes a buscar a la salida del insti?" que tuve que ir soltando en conversaciones con otras personas para que no me hicieran bola en el estómago.
Aunque lo peor fueron los "Te quiero", esos que nunca dijimos. Aún los sigo llevando escondidos en diferente rincones de mi cuerpo. Porque esos no se pueden tragar, no se merecen ser escupidos y no son intercambiables, no se los puedes decir a nadie más. Y eran para ti, para nuestras noches de colores y calores. Asi que, aquí están. Deberías venir a llevártelos algún día, como ese par de libros que te dejaste en mi mesilla, esa bolsa de farmacia que habita en mi caja de los recuerdos.
O no.
Quizás ya he aprendido a vivir con todos los te quiero que no te dije.
Yo he aprendido a necesitar,
lo que se dice necesitar,
solamente ese huequito
que hay en tu pecho
en el que me gusta refujiarme.