Entrará en mi vida aquél que tenga su propia vida, quien me invite de vez en cuando a compartirla sin que quiera matar la soledad conmigo; quien entienda que al amor en libertad, también le gusta la compañía.

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miércoles, 16 de diciembre de 2015

Principios.

Conozco drogas con menos capacidad de adicción que tus abrazos de tres letras; ven.
Ven, que tengo el corazón y la cama sin hacer. Que a veces la vida me cueta trabajo y no me pagan por ella; que quiero decirte prosas, abriendo más las piernas que la boca. Vísteme despacio, que tengo prisa por volver a desnudarte. Sálvame la vida, pero déjame morirme de amor si apareces sin paraguas, cerca.
Córrete hacia la izquierda y hazme un hueco. Que yo ya me he corrido hacia tus manos sin permiso, sin educación. Déjame cubrirte las espaldas con el ombligo, déjame partirle la cara B a la vida. Déjame consolarte, consolarme, consolarnos. Déjame no ser si no hago, déjame hacer aunque no sea. Déjame ser suelo si te caes y cielo si lo tocas. Y nubes si te llueve; y tabla si te ahogas, y humo si ya no ríes.
Déjame hacerlo mal para sentirme bien. Déjame que sienta y siéntate que tengo algo que contarte.
Déjame, pero sobre todo; no me dejes.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Polos invertidos.

Soy la que lloró cuando le dijeron su primer te quiero sincero.
El amor no es una mierda, el primer beso que cuenta es el que se da uno mismo en la primera herida que le hizo el que le dio otro, y de eso si, valientes, que no hemos olvidado.
Corazón tenemos todos, solo que unos más que otros.
Nos han hecho así, amantes, dramaturgos, poetas, hemos aprendido que tiene que doler, porque sino, no es amor. Nos han puesto límites de velocidad en las ganas, y amor, las multas se están acumulando en mi buzón, y si no vienes a sacarlas de ahí, terminaré por hundirme yo. Y si no vienes, tendré que aceptar que lo mejor del olvido es que está enamorado de volver, como tú.
Presentir es sentir antes de, porque sentir siempre es después de ti.
Es como yo. Existe donde yo existo. Es dueño, y así, está cada noche en mi cama.

viernes, 9 de octubre de 2015

Jueves.

Nuestro último intento fallido
fue una noche de jueves
de un ambiguo mes de julio.

Follamos como ángeles,
tal vez porque el deseo
tiene fecha de caducidad
aunque no nos atrevamos nunca 
a darle la vuelta al envoltorio.

Después me llevaste a merendar
a uno de esos sitios a los que
sólo me dejarían entrar contigo.

Parecíamos felices
pero en los siguientes días 
la realidad nos dio una patada en la cara.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

El muro.

Estaba ahí, el muro que todos los que relamente han sufrido por amor levantan para protegerse del futuro. ¿Lo tiramos?, me dijo.

viernes, 21 de agosto de 2015

Prólogo de Elvira Sastre para 'Mi chica revolucionaria' de Diego Ojeda.

Diego, mi Diego, el Diego que yo conozco, es un niño de manos adultas y corazón arrítmico. Si le miras a los ojos y él te mira a ti, podrás ver la playa más bonita de sus islas; si te deja balancearte por su acento, te sentirás la chica mas guapa del baile; si tienes la suerte de caer en sus letras, borrarás el vacío de tu abecedario. Tener a Diego en tu vida es saber que dentro de ti siempre habrá una puerta abierta.
El día que conocí a Diego, noté el bullicio que lleva dentro, y eso me gustó: no lo oculta. Es un chico capaz de reconocer la parte bella de la duda y de abrazar con cariño a sus miedos; él sabe que la felicidad se esconde detrás de la tristeza y la busca a través de todos sus monstruos. Si no lo encuentra, sigue rascando. Si la encuentra, lo grita a los cuatro vientos y se vuelve un vendaval precioso. Diego es tierno, cariñoso, inseguro, soñador, frágil, valiente, amigo y sincero, y lo más bonito de él, es que a veces se le olvida. Por eso devora poemas y poetas: para que se lo recuerden (bien sabemos que leer poesía es mirarse a uno mismo, darle la vuelta a tus propios ojos).
El día que conocí a Diego, tomé uno de sus aviones hacia su universo, y desde entonces siempre vuelvo a él cada vez que se me olvida volar.

sábado, 8 de agosto de 2015

Disparos.

Mis sentimientos son balas para quien los provoca.
También hay infiernos de los que sales con ganas de volver a ellos.
Tú no abrazas, tú taladras el alma. Tú no observas, tú detallas la vida. No es nostalgia, es principio de quererte.
Lo bueno de tener el corazón tan así, tan a trozos, es poder quererte con cada uno de ellos.
Todo el que salta en mi cama acaba diciéndome que te echo de menos.
Le dijo: quiéreme como si fuera cerveza, y fóllame como si me hubiese bebido la última.
Seguís creyendo que las personas son lo que dicen, cuando en realidad son lo que callan.
Qué vais a saber del amor, si mutiláis margaritas para tratar de comprenderlo.
Si lo que he metido es la pata, ¿por qué me duele el corazón?

sábado, 25 de julio de 2015

Al final tuvimos suerte.

A pesar de la dictadura del tiempo, vuelvo a aterrizar en tu cuerpo, y siempre parece la primera vez. 
Llego despistada cargando con una maleta llena de dudas que dejo olvidada en la terminal, cuando apareces para curarme la boca con tus besos. 
A ver como te explico yo que quiero que vuelvas,
que vuelvas a hacer pedazos el colchón
que vuelvas a celebrar la vida
a derribar las puertas,
que vuelvas.
Quiero decirte si volvemos a empezar, que estuve un tiempo respirando bajo el suelo, que ni los bares me supieron consolar; y cómo iba a decírtelo, si nunca bailas solo, y cada vez que llego yo te vas.
Dejé tu hueco en el sofá, tu voz escrita en el cristal, tu ropa sobre el edredón.
Quiero decirte si volvemos a empezar, que vino fuerte la corriente y pudo más, que me llevó arrastras, que no hubo tanta suerte.
Quédate, hagamos todo como la primera vez, y bésame los labios sin saber por qué, te sale bien. 
Quédate, será segunda parte que sale bien, vendrán veranos largos, y otro amanecer.
Y eres tú, que me ha salido fuego de nombrarte, que bailas a mi lado sin rozarme, tú, que te has cansado y ya no esperas, que no has tenido tiempo de llamarme, que buscas tu destino en otra parte. 
Ya se ven las cosas diferentes, al final tuvimos suerte, todo fue a mejor.